Ellos, nuestra razón de ser

Foto tomada del Blog Cuba en Fotos
Ayer en la tarde fui a visitar a mi ahijado Jonathan y aún en mis brazos y llenándome de besos me preguntó: “Madrina, ¿qué me vas a regalar mañana?”. ‘Mañana?.- le pregunté extrañada porque su cumpleaños es en septiembre; apresurado agregó: “ Es el Día de los niños…qué diga, de la infancia…!”

Y casi sin respiro comenzó a contarme las actividades que desde hace varios días vienen realizando en su círculo (guardería) para celebrar la fecha: juegos, payasos, magos…toda una fiesta porque en Cuba los infantes sí tiene razones para celebrar más allá de un día en que las noticias sobre abuso infantil en toda su gama son escalofriantes.

Hambre, trabajo, violencia, analfabetismo, prostitución son términos que duelen infinitamente cuando están asociados a los niños. Podría pensarse incluso que son informes e imágenes extraídas de una mala película, pero no, forman parte de una realidad que está ahí, palpable en América Latina, África, Asia…sin que el esfuerzo de unos pocos por revertirla tenga el apoyo de quienes realmente tienen en sus manos cambiarla; los gobiernos.

En Cuba, país que sufre los efectos del bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos por más de cinco década, es palpable la voluntad política y su interés por la defensa y promoción de los derechos de la infancia. Como muestra de ello están los más de 200 programas sociales implementados para elevar las posibilidades del conocimiento, el desarrollo intelectual y la calidad de vida de nuestros niños y adolescentes.

En diciembre de 1954, la Asamblea General de la ONU acordó la celebración anual del Día Internacional de la Infancia, del entendimiento y hermandad entre todos los niños del mundo en la fecha que cada país decidiera y Cuba, con la Revolución ya en el poder, escogió el primero de junio, igual que otras naciones.

Mi ahijado Jonathan junto a los demás niños cubanos, transmiten al mundo en este día, que es una réplica de los 364 restantes del año, un mensaje de alegría y felicidad que los adultos también rubricamos.

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