La alimentación de la humanidad: ¿un solo día?


Cuesta asimilar que mientras en el cuerno africano y otras regiones del mundo, millones de seres humanos, entre ellos niños, padecen hambruna; hoy existan en las potencias desarrolladas quienes ideen fórmulas para mover sus lujosos automóviles con biocombustibles obtenidos a base de alimentos.

Si eso es el desarrollo, entonces demos por concluida la existencia de la humanidad para que “otros seres” disfruten ocurrencias como esta…

La voluntad de unos pocos solamente no resolvería el problema de la alimentación a escala mundial, si los poderosos no dejan de invertir en guerras para hacer frente, en serio, a un flagelo que agobia a una gran parte de la población en el planeta.

Los recursos naturales se agotan y no porque los más pobres los acaben: son las sociedades de consumo donde unos pensando en sí y otros en su empresa, aplican programas para que no quiebren las compañías y no para aliviar el hambre de la gente.

En las actuales circunstancias de crisis global que afecta todo y a todos, más a los pobres, aunque son los que menos tienen que perder, es difícil subsistir, sin contar la exposición a desastres nucleares sin precedentes.

En este entorno en Cuba, país en el cual siete de cada diez cubanos han nacido y vivido bajo el régimen de sanciones unilaterales del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por el imperialismo yanqui, el Estado dirige esfuerzos cardinales a lograr la autosuficiencia alimentaria.

Antes del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, solo unas veinticuatro familias pudientes se habían apropiado de las mejores tierras y ganado existentes a nivel nacional, mientras la mayor parte del campesinado sucumbía en las más tristes carencias.

En Guantánamo, la provincia más oriental del país, cuyas principales producciones eran la caña de azúcar y el café, miles de hombres y mujeres del campo vivían y morían en extrema miseria, causada por el dominio de los latifundistas.

Quince días después del triunfo de la Revolución Fidel Castro Ruz, explicaba al pueblo que “las leyes fundamentales de la Revolución son “…principios morales. Los propósitos por los cuales se está luchando… son los que guían y trazan el derrotero de la Revolución… para que se pueda desarrollar pacífica y ordenadamente”.

En 1953, durante su alegato de defensa en el juicio después de ser detenido tras los sucesos del Cuartel Moncada lo anunció y lo materializó con la entrega de propiedad de tierras a agricultores de la provincia de Pinar del Río, en el extremo occidental del país, desde el inicio.

Con ello el joven gobierno sentaba las bases para que el 17 de Mayo de 1959, se firmara la Primera Ley de Reforma Agraria, que devolvía a sus legítimos dueños las tierras.

El propio Fidel expresó que se iniciaba así la verdadera independencia; ya había sentenciado: “Una Revolución no es sino una gran batalla entre los intereses del pueblo y los intereses contrarios al pueblo; una gran lucha… en la cual todos estamos participando… de la cual nadie puede pretender sustraerse, porque sus consecuencias afectan por igual a los que luchan y a los que pretendieron ser indiferentes…”.

En esa gran lucha siempre han estadolos campesinos cubanos, quienes cada vez son más dignos de su deber histórico que es producir para el pueblo, y hoy sus esfuerzos se ven aplaudidos.

Hoy son más de 300 000 familias campesinas las propietarias de las tierras, individual y colectivamente en toda Cuba: el destino de sus producciones está garantizado por el Estado, que pone a su disposición también su sistema crediticio, seguro social y garantiza la continuidad de propiedad entre las familias.

La correspondencia de los hombres y mujeres del surco es producir cada vez más, incluso los beneficiados con nuevos decretos leyes como el 259, referente a la entrega de tierras en usufructo y otros que estimulan las producciones con sistemas de contratación y comercialización atractivos.

En la actual coyuntura mundial el incremento de la producción de alimentos y la sustitución de importaciones, son tareas a las cuales la dirección del país presta extrema atención, una vez refrendados en los lineamientos económicos del Partido y la Revolución, aprobados por el pueblo.

No se trata de que no existan carencias, pues Cuba no es un país rico, pero, absolutamente nadie, se acuesta de un día para otro sin probar bocado; las acciones emprendidas aquí para satisfacer la alimentación del pueblo han sido reconocidas por la FAO y otras organizaciones internacionales.

Cada 16 de octubre la humanidad celebra el Día Mundial de la Alimentación, pero la solución a la hambruna que padecen cientos de millones de personas solo está en la decisión de los ricos de dejar de sobreconsumir lo que corresponde a los pobres, la distribución equitativa de las riquezas, y la conciencia de que un mundo mejor es posible todos los días.

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