La cárcel en la ilegal base de Guantánamo: una aberración sin fin

La cárcel en la ilegal base de Guantánamo: una aberración sin fin
La huelga de hambre que sostienen 25 de los 166 prisioneros que aún permanecen secuestrados en la cárcel erigida por la administración de George W. Bus, el hijo…, en la base naval que usurpa territorio cubano en la bahía de Guantánamo, aviva el reclamo universal del cierre de lo que es un connotado caso de violación de los derechos humanos.

Para vergüenza del gobierno que se autodenomina “campeón” en el tema, ese centro es un moderno campo de concentración donde diversas modalidades de torturas se aplican a la población penitenciaria, entre estas, el aislamiento en celdas con temperaturas extremas o les mantienen amarrados en posición fetal por más de 24 horas sin alimentos.

La protesta la inició un pequeño grupo de reclusos el pasado 6 de febrero porque, según los abogados defensores, sin causa ni pretexto aparente fueron sometidos además a registros masivos, incluyendo las verificaciones de los libros del Corán que se les habían entregado, en que presumiblemente ocultaban objetos prohibidos, y la incautación de sus pertenencias, comprendidas cartas de familiares, fotografías y correspondencia jurídica.

En un inicio, los protagonistas de la huelga fueron seis confinados en el denominado Campo 6, pero con el paso de los días se ha radicalizado y se sumaron otros, hasta los actuales 25, por la actitud arrogante de las autoridades militares del enclave de subestimar el incidente, lo que pone el peligro la vida y la salud de los protestantes.

El propio portavoz de la ominosa cárcel, el capitán Robert Durand, reconoció que dos huelguistas continúan hospitalizados por deshidratación severa, mientras otros ocho reciben nutrientes líquidos para evitar un agravamiento de la salud por la pérdida excesiva de peso.

Pero, sin dudas, el detonante principal es la frustración de los prisioneros por la claudicante posición del actual inquilino de la Casa Blanca.

Por el generalizado el repudio a su existencia fuera del alcance de las leyes nacionales e internacionales para encarcelar, interrogar y torturar, Obama se comprometió durante la campaña electoral de 2008 en cerrar dicha instalación, pero no cumplió la promesa en su primera gestión como presidente ni tampoco tocó el tema tras ser reelecto el año pasado para un nuevo periodo de mandato.

Sobradas razones hay para clausurarla. Por ejemplo, de los más de 800 prisioneros que llegó a albergar, sin derecho a juicio, al menos 22 de los detenidos eran niños, tenían menos de 18 años cuando fueron capturados. En el tiempo transcurrido desde la apertura en enero de 2002 se documentó el uso en el sitio de crueles prácticas de tortura para obtener “información”, las que condujeron a la muerte a ocho personas.

Lo más dramático del caso es que la vasta mayoría de los prisioneros en la ilícita base de Guantánamo nunca debieron ser detenidos, pues no existieron jamás motivos que lo justificaran, como se ha comprobado fehacientemente. En su primer mandato, Obama emitió una orden presidencial que disponía el cierre del centro de detención “en el lapso de un año”, pero pronto cedió a las presiones de legisladores republicanos y demócratas, opuestos a la idea.

Ahora a los rehenes que permanecen en el enclave, el mandatario les puso la cosa cada vez más cuesta arriba pues por segundo año consecutivo sancionó la Ley de Autorización de Defensa Nacional.

Obama había alardeado con vetar la legislación por renovar una serie de restricciones impuestas por el Congreso que tienen la intención de impedir la clausura de la prisión, como un artículo que permite la detención militar indefinida sin derecho a juicio, algo que contradice las obligaciones de los Estados Unidos conforme al derecho internacional.

Con su rúbrica, una vez más consagró en ley la política de detención indefinida de sospechosos sin cargos o proceso judicial. Su acción demuestra que claudicó ante sus rivales políticos en su intención de cerrar el campo de concentración.

Como un hecho que confirma la postura de la Casa Blanca, el Pentágono anunció inversiones por unos 150 millones de dólares para modernizar los campamentos militares en la ilegal Base naval de Guantánamo, incluida la construcción de un comedor y dormitorios para los 848 guardias estacionados allí, pero no prevé mejoras en las condiciones de reclusión.

En el campo de concentración permanecen 166 prisioneros. La inmensa mayoría de ellos llevan 11 años secuestrados sin enfrentar cargos formales. El pisoteo grosero de los derechos humanos de esas personas y la actitud de la administración Obama, hacen de la cárcel instalada en el ilícito enclave una aberración sin fin a la vista.

Por: Manuel de Jesús Singh Castillo

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