Cuba en la OTAN: La propuesta de un lacayo

Cuba en la OTAN: La propuesta de un lacayo
Estupefacta quedé cuando vi en la página digital de El Nuevo Herald la proposición hecha por uno nacido en Cuba pero con la cabeza dedicada a servir a sus amos del Norte: Cuba libre debe estar en la OTAN.
Lectora o lector, usted no ha leído mal. No es que el danés Anders Fogh Rasmussen consuma la conocida bebida criolla en el Cuartel General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en Bruselas, o algo por el estilo, sino que la Isla, perdida la dignidad y la independencia, tras una supuesta derrota de la Revolución, se enrole en el brazo armado y terrorista de la hegemonía yanqui y la economía de mercado, creado en 1949.

La majadera propuesta me confirma una vez más que entre la “oposición” (Made in USA) que existe en Cuba el sentido común es el menos común de los sentidos.

El autor de tamaño disparate ensalza gobierno de Colombia por firmar con la OTAN un documento de cooperación, a como se achicó la oferta del presidente Santos de incorporarse al bloque militar tras la airada repulsa de la mayor parte de los países latinoamericanos.

Presenta el paso dado por las autoridades cafeteras con la grandilocuente afirmación de que abre “una nueva perspectiva geopolítica para las naciones de las Américas”. Hasta clama porque a la alianza noratlántica flexibilice sus estatutos para propiciar el ingreso de Colombia.

En su chifladura llega a señalar que así otras naciones del área se integrarían al tratado, lo cual estimularía su “ingreso” en el futuro “país euroatlántico”.

En otras palabras, convoca a nuevamente ser siervos del imperio, en el Estado fruto de sus alucinaciones, encabezado por los Estados Unidos, con Europa y Canadá como escoltas y los pueblos del sur a la zaga, dóciles y dispuestos a enviar carne de cañón a ”cualquier rincón oscuro del mundo”, para defender a los sacrosantos valores de la democracia occidental.

Vale la pena recordar que la OTAN fue uno de los tantos pactos que promovió el gobierno yanqui para rodear a la Unión Soviética y los países socialistas de Europa, en el contexto de la Guerra Fría que, en no pocas veces, se calentó por la agresiva política de la alianza.
Se sabe que en más de 30 ocasiones, entre 1946 y 1985, Washington consideró la posibilidad de utilizar las armas nucleares contra sus adversarios.

Contrario a lo afirmado por los vencedores en la Guerra Fría, el Pacto de Varsovia surgió en 1955 para contrarrestar la amenaza noratlántica y no para agredir.

Muestra de su vocación guerrerista, países miembros de la OTAN, encabezados por Estados Unidos, han participado en varias guerras de agresión (Corea, Vietnam, Iraq, Afganistán). La organización extendió sus prerrogativas y realiza intervenciones “humanitarias” como las que desmembraron a Yugoslavia, derrocaron a Gaddafi en Libia y pretenden emplear en Siria.

Además, el Tío Sam se inmiscuyó en decenas de conflictos armados “pequeños” (Guatemala, Cuba, Congo belga, República Dominicana, Angola, Nicaragua, Granada, Somalia, Panamá y la propia Colombia, por sólo citar algunos), con el fin de intervenir en los asuntos internos de esos países, intimidar o imponer sus intereses.

También brindó pleno respaldo a golpes militares en Brasil, Uruguay, Chile, Argentina y Honduras, para subvertir el orden democrático, incluso burgués, en esas naciones. La OTAN apoyó a la dictadura de Francisco Franco, a cambio de bases militares y ayuda económica, y al régimen fascista de Portugal, en la lucha contra los movimientos de liberación nacional en sus colonias africanas.

Ejemplo de lo que les puede deparar a los países de América Latina y el Caribe la presunta integración a la organización militar de los ricos, a la que invita este señor, es la Guerra de las Malvinas. Llegado el momento, Washington dio la espalda a los militares golpistas argentinos, sus aliados en la Operación Cóndor, olvidándose de sus “compromisos” continentales tipo OEA, y prestó toda la asistencia necesaria para la victoria de Gran Bretaña en el conflicto.

Ahora sus drones matan en Pakistán, Afganistán o Yemen. Desde 2008 a la fecha, los aviones no tripulados han asesinado a cerca de tres mil personas, de las cuales apenas el dos por ciento de las víctimas son dirigentes de alto nivel de organizaciones consideradas terroristas, según reveló un estudio preparado por las universidades de Stanford y Nueva York. El daño a la población civil es enorme.

Eso contradice a lo asegurado por este Gunga Din caribeño acerca de que los intercambios con los ejércitos de la OTAN permitirían contar con fuerzas armadas educadas en “los fuertes principios democráticos de un estado de derecho”.

Otro dato importante: los miembros del tratado son responsables del 70 por ciento del gasto militar mundial y su adalid, los Estados Unidos, el mayor productor y comercializador de armas del planeta, incluidas las bombas prohibidas por todas las convenciones de Ginebra y proyectiles recubiertos con uranio empobrecido con los que Israel reprime a los palestinos o realizó su más reciente y fracasada invasión al sur del Líbano.

A propósito del perro policía del imperio en el Medio Oriente, al menos un miembro del pacto noratlántico, los Estados Unidos, transfirió secretamente tecnología nuclear a Tel Aviv y así los sionistas cuentan con bombas atómicas fuera de todo tratado internacional. Dudo que eso avale al supuesto papel de garante de la paz y la democracia que tiene la Alianza del Atlántico.

Por demás, la OTAN es todo lo opuesto a lo que Cuba representa. Para los cubanos de verdad, la lucha contra el imperialismo, más que con los sucesivos gobiernos norteamericanos, ha sido la lucha contra la miseria, opresión, insalubridad y la ignorancia.

Por eso miles de ellos, con absoluta voluntariedad, fueron a Argelia, Congo belga, Guinea Bissau o Angola. La Isla pequeña intervino en esos sitios por las legítimas solicitudes hechas por sus dirigentes independentistas, respetando los principios del Movimiento de Países No Alineados, y sin la anuencia de la dirigencia soviética y mucho menos del Tratado de Varsovia.

Además, lleva más de medio siglo resistiendo la política agresiva del gobierno de los Estados Unidos, de operaciones militares encubiertas, guerra económica, sabotajes y aislamiento diplomático.

Cuba libre (al estilo yanqui) en la OTAN es la desatinada propuesta de un lacayo visceral.

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