La Nueva Hora de la Patria grande

marti-y-bolivar-en-america-latinaEl Héroe Nacional cubano José Martí, a quien los delegados a la recién finalizada II Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, rindieron homenaje en el aniversario 161 de su natalicio, estuvo presente en el Foro desde su honorable sitial.

El hombre que llamara a Simón Bolívar “Libertador”; de quien Hugo Chávez, promotor de ese bloque integrador, expresara más de una vez la vigencia de su legado, y al cual Fidel Castro Ruz, líder integrador no solo de Cuba, sino del mundo, estimara como autor intelectual de la continuidad de la Revolución en la Mayor de las Antillas, no pudo estar ausente de los debates en ese acontecimiento histórico.

La II Cumbre de la CELAC fue la nueva “(…) hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”, como citara el más universal de los cubanos.

El despertar de los pueblos de la región, 33 Estados reunidos para, desde sus diferencias, entablar un diálogo común y concertación política, con la capacidad de acordar posiciones de conveniencia mutuas, a fin de establecer políticas públicas impactantes y definir el desarrollo, es toda una realidad.

La CELAC es la herramienta del Sur, que es el Norte de los países latinoamericanos y caribeños, para hacer realidad los legítimos sueños y esperanzas de nuestros pueblos, sometidos al predominio imperial por sus riquezas y perspectivas durante muchos años atrás.

La integración, concensuaron los participantes, es la única vía para devastar al hegemonismo y obtener el bien común.

Se habló de la historia que une a los latinoamericanos y caribeños y de sus contrastes, de los recursos naturales y alimentarios del área explotados por las transnacionales imperialistas y luego vendidos a nuestros pueblos con sus valores agregados. La soberanía sobre esos bienes resultó reclamo de todos los miembros.

Se abogó por la necesidad de priorizar planes educativos, de salud, de atención a los hambrientos, pobres y la eliminación de la desigualdad social en los países de la región y de la voluntad estatal que debe existir para lograrlo.

Cerca de 600 millones de habitantes es mucho pueblo para enfrentar los obstáculos que impone la actual crisis global que afecta todas las esferas de la vida, incluyendo sus raíces culturales, lo cual solo se logra si evitamos la aspiración imperial, como dijera Martí pues, “lo primero que hace un pueblo para dominar a otro es separarlos de los demás…”, como ocurrió con Cuba hace más de 50 años.

Las voces se alzan en contra de la dominación hegemónica en Puerto Rico, el neocolonialismo en Las Malvinas, el bloqueo económico, financiero y comercial de EEUU contra Cuba, la pretensión de su aislamiento, el asedio político y militar, el saqueo de las riquezas, los golpes de estado en las naciones de la CELAC…

Se proclamó la región como Zona de Paz, hecho que impone retos en la supresión de las Bases Militares yanquis establecidas en estos países e instituir agendas en la lucha contra el tráfico de armas y la narcoactividad.

Otro desafío vital es eliminar la violencia contra la mujer y la niñez en estados donde los propios flagelos heredados del pasado persisten en mellar voluntades.

La unidad en la diversidad, la consideración de que todos los pueblos tienen igualdad de oportunidades, sin que ello represente igualdad de posibilidades, y por sobre todo, presuponer la solidaridad, hermandad y colaboración entre ellos, quedaron acuñadas en la Cumbre.

El camino por recorrer es largo y escabroso, pero la voluntad para el bien común se impone.

Los logros de Chile y Cuba como naciones que presidieron protémpore la CELAC en la Primera y Segunda Cumbre, respectivamente, demuestran que es posible alcanzar esos objetivos.

Ahora corresponde a Costa Rica continuar el rumbo en la senda abierta en torno al desarrollo de la región, pues retomando a Martí, (…) los países de nuestra América ascienden a la libertad segura y generosa (…) en una recién proclamada zona de paz.

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