Un hombre que predicó la cultura de la resistencia

cheNatalicio de Ernesto Che Guevara

No son pocos los que aseguran que la cultura está en todo y es casi todo, y agrego: más si se desarrolla como conquista de una Revolución como la cubana, cuya prioridad esencial siempre ha sido, es y será el ser humano.

Necesariamente este ser humano, que se convierte desde el principio en ente activo, necesita de la cultura para su desarrollo social; para él la cultura es alimento del alma.

En 1961 el cubano-argentino Ernesto Guevara de la Serna, Ché, sentenció en su discurso “El socialismo y el hombre en Cuba” el rol de la cultura como determinante en todo el proceso y admitía que “…solo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra”, en medio de las complejas transformaciones que se realizaban en la mayor de las antillas en los años iniciales, tras el triunfo de Enero de 1959.

El legado de una indefinida transculturación y una evidente mezcla de identidades que forjaron una: la identidad cubana, fue a la vez difícil de interpretar, pero también el jugo de lo que hoy forma el rico aliñado que presupone la cultura nacional.

Como el significado de cultura en latín presupone cultivar, y en unos de sus más abarcadores conceptos se le considera como “producto de la acción del hombre”, “mecanismo reproductivo por excelencia de las estructuras sociales”, “ una entidad orgánica donde todo tiene que ver con todo”, la cubana, que ha bebido de la fuente de otras culturas, es hoy resultado de la Revolución triunfante que a fines de la década de los 50 desterró para siempre al capitalismo, para abrir paso a una sociedad nueva, regida por un hombre nuevo.

De generación en generación los cubanos han heredado conocimientos, trasmitido experiencias y valores funcionales de acuerdo a los diferentes momentos históricos que han vivido, casi siempre, bajo el peso de la amenaza del imperialismo yanqui y sus secuaces, encargados de mantener desde hace medio siglo una cruenta guerra económica, comercial, financiera, y agresiones de todo tipo, incluyendo la armada.

Como pocos en el mundo este pueblo ha sufrido severas sanciones por parte de los sucesivos gobiernos estaunidenses, solo por el hecho de determinar su camino, por vivir el sistema social que decidió.

Si se trata de adquirir medios de enseñanza, en particular la artística, instrumentos musicales, vestuario, escenografía, equipos de audio y para la realización radiotelevisiva, de la prensa plana o impresión de cualquier tipo, lienzos, pinceles, pinturas o cualquier otra necesidad para la creación artístico literaria, donde sea en el mundo, hay conspiradores atentos a que Cuba no los adquiera.

En medio de toda esa vorágine la Revolución ha logrado sustanciales avances entre los que merecen especial señalamiento la participación de las masas en la actividad cultural con la incorporación activa de trabajadores, campesinos, estudiantes, y muy especialmente de los niños y jóvenes.

Otros logros resultan la revalorización de las obras más importantes del arte y la literatura nacionales y de la cultura universal y el estudio de las raíces culturales el reconocimiento de sus valores, el desarrollo de estos y la investigación del folclor así como también la fundación de organismos, instituciones y agrupaciones culturales.

De la misma manera se organizó todo un sistema de enseñanza del arte y la creación de escuelas formadoras de instructores y promotores culturales, se creó el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, ICAIC, la cinematografía nacional y la extensión de los servicios a las zonas rurales y montañosas.

Así se ha ido desarrollando un creciente movimiento editorial que da posibilidades al pueblo de conocer la variedad y riqueza de la cultura cubana y universal, se incrementaron las bibliotecas, galerías y museos y rescataron los medios de comunicación masiva y su gradual transformación.

Se obtuvieron relevantes logros en el terreno de la creación artística como el surgimiento de la escuela Cubana de Ballet y el desarrollo de la gráfica nacional.

A estos argumentos se les suma el fuerte impulso a la remodelación de las instituciones a las que el paso del tiempo les cobra su existencia, el desarrollo creciente del movimiento de artistas aficionados y la introducción de nuevas tecnologías para la realización artística literaria y de comunicación social y los programas didácticos difundidos a través de los medios nacionales de comunicación, entre otros.

Nadie puede negar que la Revolución liquidara las condiciones de penuria y humillación en que se mantenían en el país a la literatura y el arte y suprimió la marginación de los creadores; eliminó el carácter exclusivista que la burguesía imprimió a determinadas manifestaciones artísticas y echado las bases para el desarrollo de una cultura socialista.

Con solo parte de las dificultades mencionadas artistas y creadores en cualquier lugar del planeta hubieran desistido de la carrera.
A decir del escritor cubano Carlos Martí Brenes, otrora Presidente de la Unión Nacional de escritores y artistas de Cuba, UNEAC, un colega europeo le parafraseaba con amargura, agobiado por la indiferencia reinante en su entorno, la oncena tesis sobre Feuerbach que refrenda que los intelectuales ya no tratan de transformar el mundo pero tampoco quieren interpretarlo.

Sin embargo en Cuba, como contraste, reconoce el destacado intelectual, quienes se dedican a tal profesión desconocen semejante enajenación del pensamiento a pesar del impacto de dimensiones catastróficas que trajo consigo el desmoronamiento del campo socialista.

Agrega Martí Brenes que en realidad habría que decir que en estos países, ya inexistentes, la parálisis de las ideas y la consiguiente quiebra de los paradigmas humanistas que sustentaron a estas sociedades en su etapa de mayor florecimiento era un hecho cierto mucho antes de la caída del Muro de Berlín.

En Cuba, a diferencia tanto de la agotada racionalidad europea occidental, como de la desmoralizada conciencia del socialismo real, los escritores y artistas no solo han sido capaces de mantener su unidad esencial en defensa de la Revolución, sino que día a día se manifiesta la enorme vocación social de estos profesionales y su capacidad para renovar el imaginario socialista y contribuir a la praxis transformadora , sin complacencias acríticas respecto de la sociedad real, ni alejamientos vergonzantes del proyecto revolucionario.

Se desconoce si en el mundo de hoy existen otros ejemplos tan coherentes de comunidad intelectual, antidogmática por definición y, por ello, capaz de asumir sus responsabilidades, sus compromisos, con tal grado de libertad. De ahí que evocando al relevante Juan Marinello erijan como bandera su frase de que “Toda gran libertad, es gran responsabilidad”.

Desde los problemas que pueden dañar la relación entre cultura y sociedad, como los imitaciones norteamericanizadoras en el perfil arquitectónico de las ciudades y los servicios turísticos, incrementados forzosamente, hasta los vínculos entre cultura y desarrollo, el trabajo cultural comunitario, la enseñanza artística, entre otros muchos temas, preocupan a los creadores y artistas cubanos quienes los analizan sistemáticamente en pos de buscarles la más racional solución.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz ha expresado que fueron las leyes revolucionarias las que más contribuyeron a crear en el pueblo una conciencia socialista, y que fue el mismo pueblo inicialmente analfabeto o semianalfabeto, que tuvo que comenzar por enseñar a leer y a escribir a muchos de sus hijos, el que por puro sentimiento de amor a la libertad y anhelo de justicia derrocó a la tiranía y llevó a cabo y defendió con heroísmo la más profunda revolución social en este hemisferio.
En cerca de dos años se logró alfabetizar a alrededor de un millón de personas, con el apoyo de jóvenes estudiantes que se convirtieron en maestros en los más intrincados sitios de las montañas, en los lugares más apartados del país.

Poco a poco se logró alcanzar lo que hoy exhibe Cuba, como señala Fidel: “Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas… Ningún pueblo se hace revolucionario por la fuerza. Quienes siembran ideas no necesitan jamás reprimir al pueblo. Las armas, en manos de ese mismo pueblo, son para luchar contra los que desde el exterior intentan arrebatarle sus conquistas”.

Las instituciones culturales, Escuelas de Arte, de Artes Plásticas, de Instructores de Arte, las Casas de Cultura, antes exclusivas para adinerados, ahora son de muchos, sin prejuicio de su posición social, lo que será muy difícil que tenga retroceso.

En medio de las condiciones en las que vive el mundo hoy, caracterizada por la imposición de una cultura global a todos, de lo cual no escapa nadie, los cubanos cuentan con la poderosa arma de las ideas y la conciencia sembradas a lo largo de su historia que resume a la revolución y a la cultura de este heroico pueblo como bastión de resistencia infinita contra los aculturizadores.

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