El alma bordada

No tengo una imagen para este post, y es que aún retumba en mi el 13 de julio, día de mi cumpleaño, una noticia que no por esperada dejó de estremecerme, la muerte de un joven de 28 años, hijo de un vecino, víctima de un accidente automovilístico 3 días antes. Nada pudo ser igual desde el minuto en que supimos la noticia, no más traguitos ni música y sí una sensación de impotencia ante lo que pudo haberse impedido de no estar en estado ebrio el conductor del tractor, con las luces apagadas por demás, contra el que embistió el camión V8 en el que viajaba Yaunier y otras 15 personas…

21 de julio, solo ocho días después, otra noticia me sacudió; la muerte de un pariente, por añadidura pareja de una amiga-hermana, de esos que dedicaron toda su vida a la Revolución y fue además del tipo siempre consejero disponible en extremo alegre y solidario . ¿Causa? La repetición de un accidente cerebro vascular a poco más de un año del primero…
Tengo el alma bordada, de tristezas e inevitables cuestionamientos sobre la vida y la muerte, de dolor e impotencia, de cuestionamientos sobre lo que pudo haber sido si el conductor del tractor no hubiera estado borracho y si mi primo (lejano, pero de la familia) hubiera seguido recomendaciones del médico…

Y vienen a mí independientemente de que “ese su día” y es “la voluntad de dios…”, preguntas sin respuestas de lo que aún quedaba por dar, de la gente que se queda para llorar y extrañar.

Este no es, definitivamente, un buen día para mí que en medio de todo, no puedo evitar pensar y evaluar si no será muy corto el tiempo en esta vida para hacer todo lo que nos proponemos, o tal vez momentos como estos que nos estremecen desde la raíz, nos hacen repensarnos en la clase de personas que hemos sido hasta el momento y en lo que podemos hacer para cambiar y/o redimir esos errores que pesan, ¡y cómo!

Morir, tan natural como nacer, se asume de maneras distintas en el mundo, en las personas independientemente de la geografía, algunos, como yo, nos desmoronamos cuando alguien cercano y lleno de vida se nos va, y me cuesta creer que es la vida, y lo se, por lo que lo único que me queda como consuelo es hacer de mi quehacer en lo personal y profesional un poco mejor cada día y juro que a partir de ahora no olvidaré decirle a aquellos, independientemente de que se lo merezcan o no, pero que al menos o siento así, que los amo…

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