Siempre es 26: más que una consigna

Siempre es 26: más que una consigna

Siempre es 26: más que una consigna

Cualquiera que visite Guantánamo por estos días puede hacerse la pregunta que da título a este escrito, pues la propaganda en carteles y vallas alegóricas a la fecha citan: Siempre es 26.

Pero desde aquel mes de junio de 1954, cuando salía a la luz el texto completo de “La historia me absolverá”, documento con el que el joven abogado Fidel Castro Ruz enfrenta las acusaciones que pesaban contra él y el grupo de revolucionarios que tomó por Asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, se supo que sería una gesta que permanecería siempre en el corazón de los cubanos.

Parecía utópico en aquella época, cuando el gobernante de facto Fulgencio Batista y sus secuaces al servicio del imperialismo yanqui sometían al pueblo al más terrible sufrimiento, referirse a mejoras sociales para la mayoría oprimida.
Sin embargo la visión de Fidel lo llevó a denunciar durante el juicio en el cual fue su propio defensor, los problemas que debían resolverse en un país de oprobios y desmanes: el problema de la tierra, el de la industrialización, el de la vivienda, el del desempleo, el de la educación, y el de la salud.

Los esfuerzos de los revolucionarios que asaltaron la gloria en el Moncada y en el Carlos Manuel de Céspedes serían encaminados a solucionar esos puntos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política mancillada con el golpe de estado del dictador de turno.

En la entonces provincia de Oriente, la mayoría de las vastísimas tierras pertenecían a la United Fruit Company y la West Indies, mientras más de 200 mil familias campesinas no tenían donde cultivar para sustentar a sus hambrientos hijos.
Las industrias eran escasas, sobre todo la azucarera y la cafetalera, también propiedades de timadores terratenientes; la mayoría de la población vivía en condiciones pobrísimas, cientos de desempleados recorrían kilómetros en busca de trabajo…
La educación apenas exhibía unas pocas escuelas públicas, casi ninguna en las montañas; escasísimos eran los hospitales. De ahí los altos índices de analfabetismo y de enfermedades prevenibles en el pueblo.

¿Qué pueblo? Del que magistralmente se refiere Fidel en La historia me absolverá como la mayoría oprimida. Pero todo cambió con el triunfo de la Revolución en enero de 1959.

Al cabo de 61 años de la gesta heroica de Santiago de Cuba y Bayamo, la situación es distinta en Guantánamo, territorio del extremo Este cubano, el más distante de La Habana, y una de las cinco provincias en la que se multiplicó el Oriente después la última división política administrativa del país.

Como en toda Cuba la tierra aquí es hoy de quienes la hacen producir, beneficiados por la Ley de Reforma Agraria, primero, y hoy favorecidos con Decretos Leyes como el 300, que otorga terrenos baldíos a aquellos que deseen hacerlos producir y aportar alimentos para el pueblo, así como elevar paulatinamente sus niveles nutricionales, con garantía de créditos y aseguradas sus cosechas.
Guantánamo puede hacer gala de Industrias como la Gráfica Matiz, dedicada a la poligrafía, la de Materiales de la Construcción, Alimentaria, Textil, Siderometalúrgica, Básica, Industrias Locales varias y otras, a la vez de que es capaz de generar la energía que consumen sus pobladores a través de novedosos métodos alternativos.

Con la Revolución vinieron la Reforma Urbana y la Ley General de la Vivienda, y el pueblo dejó de pagar las altas rentas por vivir en edificios, casas o terrenos, propiedades de ricos explotadores.

Nunca antes el territorio se acometió un programa más amplio de construcción y rehabilitación de viviendas, viales y otras obras sociales como el de estos últimos tiempos, para lo cual desde hace algunos años se reanima la industria de materiales de la construcción.

A pesar del impacto del bloqueo imperialista en las diferentes esferas de la vida del pueblo, esta oriental provincia roza el pleno empleo y ninguna familia, aún cuando no tiene miembros en edad laboral, está desamparada.

En los años en que Fidel escribió La historia me absolverá era un sueño que el pueblo contara con educación y salud gratuitas en los sitios más apartados de esta geografía.

Pues hoy suman miles los Doctores, Masteres profesores, maestros, empleados con salarios decorosos y acceso permanente a categorías científicas, los que laboran en cientos de centros educacionales diseminados en todo el territorio, entre ellos la Universidad de Guantánamo que se extiende con el proceso de universalización de la enseñanza a todos los municipios.
Cientos de médicos, profesores, entrenadores y otro personal de la salud y educación guantanameros cumplen misión internacionalista en más de una decena de países del mundo.

A pesar de las dificultades y obstáculos que aún afrontamos en el país, el programa de lucha de Fidel y sus compañeros héroes o mártires, que los compulsó al Moncada y a la Sierra Maestra hasta la liberación definitiva del pueblo, ha sido cumplido.
Los sueños de justicia social que alentaron a los participantes en la epopeya del 26 de Julio de 1953, año del Centenario del Natalicio del Héroe Nacional cubano José Martí, son una realidad insoslayable.

Para mantener encendida la llama de la Revolución que iniciara Carlos Manuel de Céspedes, en 1868, continuara Fidel y sus compañeros de lucha para lograr el triunfo de Enero de 1959, y defender esas conquistas, es que los cubanos acuñan la cita: Siempre es 26, la cual los hechos demuestran que es más que una consigna.

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