Misa mía

Mi gata Misa

Mi gata Misa

Miro a su sillón favorito y no la encuentro, la busco en lo alto de la escalera o en el techo del patio, desde donde solía pedirme la comida últimamente, y no está tampoco; es que mi Misa de mi vida se me fue, llegó el momento de ponerla a dormir por siempre y es como si una parte de mí se hubiera ido con ella.

Once años en mi familia, en mi vida donde era mi “hijita”, mi “viejita” mi “malcriada”… por todos esos nombres me respondía y su lealtad y amor hacia mí los atesoro en anécdotas increíbles para muchos.

El carcinoma fue adueñándose de mi gata sin otra alternativa que seguirla alimentando y mimando hasta que su estado ya no era soportable ni para mí, ni mi familia, ni mis amigos cercanos, ni para ella, supongo…Y hoy 27 de junio, tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida.

Según mi cuenta, tal vez algo excedida, nos quedaban unos diez años más juntas, pensé que moriría de vieja, más malcriada y huraña que de costumbre, pero no contemplé otros daños…

En medio de esta inmensa tristeza que me embriaga hasta las lágrimas, siento allá, en el fondo, el ligero alivio de haber hecho lo correcto por un ser al que amé y amaré con esa intensidad que duele.

Ya no padecerás más, Misa mía, descansa en la paz del paraíso felino, a donde quiero creer que estás ahora, me queda Pulgui, pero tal vez por aquello de que cuando se te va alguien a quien amas no la puedes sustituir con la presencia de otra persona, cómo me duele extrañarte!

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