Réquiem

Eneida Cuenca Osorio, en nustros corazones por siempre

Se nos fue Eneida, Ene para casi todos y me siento, otra vez, impotente ante la muerte que arrebata sin piedad.

Más allá del vínculo familiar (era mi prima y para los cubanos, los primos están también en esa línea sagrada de la primerísima línea de la consanguineidad) era para mí una especie de madre, vivíamos casi frente con frente que por demás, aquí en Cuba, ser vecinos crea también unos lazos increíbles.

Tuvo a su primer hijo muy jovencita y le siguieron dos primitos más, yo era una niña, pero su cariño hacia mí y luego hacia mi hijo, que se convirtió en ahijado, estuvo ahí, inalterable.

Fue mi consuelo, mi confidente, mi consejera y fiscal. Pero un día se fue a vivir a tantos kilómetros de distancia, que lastimó y mucho…pero volvía una y otra vez, y siguió siendo la misma dulce Ene que cocinaba como los dioses y me adentró en los secretos del inigualable sabor de la comida elaborada con el invento, pero sobre todo con mucho amor.

Comenzó a llamarme “madre” desde que era muy pequeña, nunca se lo dije, pero me robó la iniciativa… Así de inmenso eran nuestros lazos. Recuerdo la última vez que nos vimos, estábamos aquí en mi casa y le dije: “Ene mija, déjame hacer un cafecito, cafetín, no Cubita, ni La llave ni Cachita…” y su respuesta, bueno, tan sencilla como ella misma: “¡pero madre qué cosas son esas, cafetín mija!”

Y el demonio, o lo que es lo mismo: el cáncer, le vino encima con sus 65 años, le cayó con una rabia inexplicable, cuestionable… y ella batalló como la guerrera que siempre fue, junto a un ejército inigualable: sus hijos, su esposo y compañero de toda la vida, sus suegros, amigos, las nietas que viven cerca de ella, y los del lado de acá hicimos causa común en el amor, la oración, el acompañamiento que aunque de lejos, vale igual. Y juntos nos aferrarnos al más leve rayito de esperanza…hasta que llegó el desenlace, que no por esperado, nos dejó de afectar, de conmover hasta el llanto sin consuelo.

Se nos fue Eneida, no tuve tiempo de despedirme de ella ¡cómo duele! Y aunque vivirá por siempre en nuestros corazones, si alguien que lea esto conoce la fórmula para traer el consuelo o la necesaria conformidad, por favor, que me la haga llegar…

3 pensamientos en “Réquiem

  1. avatarTina

    Para esa pena, no hay remedio…solo Dios…acérquese a EL para que le busque la conformidad tan necesaria en estos casos que nunca el ser humano logrará entender.
    La acompaño en el sentimiento, al igual que al resto de la familia y oro para que su alma ecuentre la paz eterna!
    Fuerza

  2. avatarAna Cecilia

    El dolor por la pérdida de un ser querido es indescriptible, me uno a tu pena y te envio desde México todo mi apoyo

  3. avatarRodrigo

    Mi solidaridad contigo en este duro momento, se lo que es perder a un familiar, a un ser amado, busca consuelo en la palabra del Señor, ahi encontraras la fuerza

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